La presión arterial alta, conocida médicamente como hipertensión arterial, es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en adultos. Se produce cuando la sangre ejerce una presión excesiva sobre las paredes de las arterias de manera persistente. Aunque en muchas ocasiones no provoca síntomas evidentes, mantener la tensión elevada durante mucho tiempo puede aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y enfermedades renales.
La hipertensión puede detectarse fácilmente mediante una medición de la presión arterial, pero es importante interpretar los resultados correctamente y no diagnosticar la enfermedad a partir de una única medición aislada.
¿Qué es la hipertensión arterial?
La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos mientras el corazón bombea sangre por el organismo.
La medición de la tensión arterial proporciona dos cifras. La primera corresponde a la presión sistólica, que refleja la presión cuando el corazón se contrae. La segunda es la presión diastólica, que corresponde a la presión existente cuando el corazón se relaja entre latidos.
La Organización Mundial de la Salud considera hipertensión en adultos una presión arterial de 140/90 mmHg o superior, cuando estos valores se confirman mediante mediciones realizadas en dos días diferentes.
Esto significa que una lectura elevada puntual no necesariamente implica que una persona tenga hipertensión. Factores como los nervios, el ejercicio, el café o determinadas situaciones pueden modificar temporalmente la presión arterial.
Características principales
- Es una enfermedad frecuente en adultos.
- Puede permanecer durante años sin producir síntomas.
- Se detecta mediante la medición de la presión arterial.
- La hipertensión se confirma mediante mediciones repetidas.
- La edad, la genética, el exceso de peso y determinados hábitos pueden aumentar el riesgo.
- Una alimentación con demasiada sal puede favorecer la presión arterial elevada.
- La actividad física regular ayuda a reducir el riesgo.
- Algunas personas necesitan tratamiento farmacológico.
- Sin un control adecuado puede afectar al corazón, el cerebro y los riñones.
¿Cuáles son los valores normales de la presión arterial?
La interpretación de la presión arterial depende de las circunstancias de cada persona y de las recomendaciones clínicas utilizadas.
Como referencia general, la OMS establece el diagnóstico de hipertensión en adultos cuando la presión sistólica es de 140 mmHg o más y/o la diastólica es de 90 mmHg o más, confirmado en dos días diferentes.
Por eso, no es recomendable considerar que una persona tiene hipertensión simplemente porque un día haya obtenido una cifra elevada.
Si aparecen valores repetidamente altos, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario para realizar una valoración completa.
Síntomas de la presión arterial alta
Uno de los principales problemas de la hipertensión es que puede no producir ningún síntoma.
Muchas personas pueden tener la tensión arterial elevada durante años sin saberlo. Por este motivo, la única manera fiable de detectar la hipertensión es medir la presión arterial.
Cuando la presión alcanza niveles muy elevados pueden aparecer síntomas como:
- Dolor intenso de cabeza.
- Mareos.
- Visión borrosa o alteraciones visuales.
- Dolor en el pecho.
- Dificultad para respirar.
- Náuseas o vómitos.
- Confusión.
- Alteraciones del ritmo cardíaco.
- Sangrado nasal.
Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de la hipertensión y pueden tener otras causas.
¿Cuáles son las causas de la hipertensión?
En la mayoría de los adultos no existe una única causa responsable de la presión arterial elevada. Su aparición suele estar relacionada con una combinación de factores genéticos, edad, alimentación, peso corporal, actividad física y otros hábitos.
Entre los principales factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran la edad avanzada, los antecedentes familiares, el sobrepeso u obesidad, el sedentarismo, una alimentación con demasiado sodio y el consumo excesivo de alcohol. Algunas enfermedades, como la diabetes o las enfermedades renales, también pueden estar relacionadas con un mayor riesgo.
También existen determinados medicamentos y enfermedades que pueden provocar o empeorar una presión arterial elevada. Por ello, cuando se diagnostica hipertensión, el médico puede valorar diferentes aspectos del estado de salud.
¿Qué factores aumentan el riesgo?
No todos los factores de riesgo pueden modificarse. La edad y los antecedentes familiares, por ejemplo, no pueden cambiarse.
Otros factores sí pueden modificarse mediante cambios en el estilo de vida.
Entre los más importantes están:
Exceso de peso: mantener un peso saludable puede contribuir a reducir la presión arterial.
Sedentarismo: realizar actividad física de manera habitual ayuda a controlar diferentes factores relacionados con la salud cardiovascular.
Exceso de sal: una alimentación con demasiada sal puede favorecer la presión arterial elevada.
Alcohol: el consumo excesivo puede aumentar el riesgo de hipertensión.
Tabaco: fumar perjudica la salud cardiovascular y aumenta el riesgo de diferentes enfermedades.
Alimentación poco saludable: una dieta con exceso de grasas saturadas, grasas trans, sal y alimentos ultraprocesados y con poca fruta y verdura puede contribuir a aumentar el riesgo.
Cómo bajar la presión arterial
Cuando existe hipertensión, los cambios de hábitos pueden formar parte del tratamiento. Sin embargo, no todas las personas consiguen controlar la presión arterial únicamente modificando su estilo de vida y algunas necesitan medicamentos.
Entre las medidas que pueden ayudar se encuentran:
Reducir el consumo de sal
Limitar la cantidad de sal de la dieta es una de las recomendaciones habituales para las personas con presión arterial elevada.
No se trata únicamente de evitar añadir sal al plato. Una parte importante del sodio procede de alimentos procesados, preparados y determinados productos envasados.
Practicar ejercicio
La actividad física regular ayuda a controlar la presión arterial y contribuye a mantener un peso saludable.
La OMS recomienda para los adultos al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos o más días por semana.
Caminar a buen ritmo, montar en bicicleta, nadar o practicar determinados deportes son ejemplos de actividades que pueden incorporarse progresivamente a la rutina.
Mantener un peso saludable
Si existe sobrepeso u obesidad, perder peso puede contribuir a mejorar diferentes factores de riesgo cardiovascular.
No es necesario realizar cambios extremos. Una alimentación equilibrada y la actividad física regular pueden formar parte de un proceso progresivo.
No fumar
El tabaco perjudica directamente al sistema cardiovascular. Dejar de fumar aporta beneficios importantes para la salud general y ayuda a reducir el riesgo cardiovascular.
Tratamiento de la hipertensión
El tratamiento depende de las cifras de presión arterial, el riesgo cardiovascular y la presencia de otras enfermedades.
Puede incluir cambios en la alimentación, actividad física, reducción de peso, abandono del tabaco y moderación del consumo de alcohol. En determinados pacientes también es necesario utilizar medicamentos antihipertensivos.
Entre los grupos de medicamentos utilizados para tratar la hipertensión se encuentran los inhibidores de la ECA, los antagonistas de los receptores de angiotensina II, los antagonistas del calcio y determinados diuréticos.
El tratamiento debe ser individualizado. No se debe comenzar, suspender ni modificar la dosis de un medicamento para la tensión sin indicación de un profesional sanitario.
La guía de la Organización Mundial de la Salud sobre el tratamiento farmacológico de la hipertensión en adultos recoge recomendaciones basadas en la evidencia para el tratamiento de esta enfermedad.
¿Qué consecuencias puede tener la hipertensión?
Una presión arterial elevada mantenida durante mucho tiempo puede dañar progresivamente los vasos sanguíneos y diferentes órganos.
Entre las principales complicaciones se encuentran:
- Enfermedad cardiovascular.
- Infarto de miocardio.
- Accidente cerebrovascular.
- Insuficiencia cardíaca.
- Enfermedad renal crónica.
- Daño de los vasos sanguíneos.
- Alteraciones de determinados órganos.
La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo modificables de las enfermedades cardiovasculares. La OMS señala que puede contribuir a enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal.
En España, el propio Ministerio de Sanidad incluye la hipertensión entre los principales problemas crónicos de salud registrados en su información sanitaria.
¿Cuándo es peligrosa la presión arterial?
Una presión arterial muy elevada, especialmente alrededor de 180/120 mmHg o más, requiere especial atención.
Si además aparecen síntomas como dolor intenso de cabeza, dolor en el pecho, dificultad para respirar, confusión, alteraciones de la visión, mareos importantes o vómitos, es necesario buscar atención médica inmediata.
No conviene esperar a que aparezcan síntomas para controlar la tensión, porque la hipertensión habitual puede permanecer completamente silenciosa.
Cómo prevenir la hipertensión
No todos los casos pueden prevenirse, pero determinados hábitos ayudan a reducir el riesgo.
Una alimentación equilibrada, limitar la sal, mantener un peso saludable, realizar actividad física, no fumar y evitar el consumo excesivo de alcohol son algunas de las principales medidas preventivas recomendadas. También es conveniente controlar periódicamente la presión arterial, especialmente a medida que aumenta la edad o cuando existen factores de riesgo.
La presión arterial alta es una enfermedad frecuente y muchas veces silenciosa. Precisamente por eso, medir la tensión de forma periódica puede permitir detectarla antes de que provoque complicaciones. Cuando existe hipertensión, combinar hábitos saludables con el tratamiento indicado por el profesional sanitario permite mantenerla bajo control y reducir el riesgo de problemas cardiovasculares, cerebrales y renales.

